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Thursday, August 26, 2021

La calle y el abismo.

 


La calle y el abismo: arte, política, deporte y crimen

Joaquín Ortega

 

Arte

 

El arte nos obliga a ver la realidad, por medio del lenguaje de los sueños. El arte emociona, problematiza, incomoda y termina siendo el mejor amigo de la provocación. Hoy lo bello parece quedar en segundo plano. Hay modas que nos hunden en el peor filón de la naturaleza y ante tanta acción primitiva, ni siquiera el más diestro de los artistas puede elevar lo grosero en propuesta civilizada.

 

Romper imágenes, derrumbar ídolos, dinamitar lugares sagrados requieren incluso de un espíritu fundacional que los criminales de éste show global ni pueden reconocer ni mucho menos ejecutar. Desde los talibanes hasta los Woke… desde los sicarios del lenguaje inclusivo hasta los grafiteros banales de América y Europa… desde la psicopatía que mutila al cuerpo humano hasta la maquinaria que extrae el oro para llenar antieconómicamente anaqueles con artículos, que bien podrían hacerse en suelo patrio….todos esos actores tienen algo en común: lo que los determina a pensar no es la palabra; es a la sazón, la suma de una pulsión sexual y de un baile. Ingenuos, en el fondo desconocen que para machacar la roca hay que tener estilo.

 

Política

 

No existe ninguna operación de dominación política que no haya estado antecedida por una estrategia de infiltración cultural y social, a su vez soportada en distintas capas de impregnación mística, simbólica y religiosa. Ritualistas en clave pagana, bajo el esquema de una casuística tribal renombran las viejas ánimas para hacerlas más cercanas, pero sobre todo más inmediatas y efímeras. El muerto notorio llevado a los altares intermedios tendrá la misma función del santo viejo, ahora con nuevo nombre de pila. El malandro de mañana soterrará al de hoy , así como el de ayer lo hizo con su competencia previa. El confesor cristiano es ahora un sacerdote paralelo, responsable ante una serie de diligencias y de trámites que forman parte de la correa de transmisión que se vale, a partes iguales de espionaje, corrupción, chantajes y socios con múltiples caras y fronteras. 

 

Deporte

 

Mi única hazaña deportiva consistió en dar un batazo que parecía un hit y terminó siendo un rollingcito al pitcher.  Por eso, como a cualquier hijo de vecina ver a un atleta en el campo concretar lo improbable me produce una realización ficticia, interior y contundente de que esa atrapada, ese gol o esa canasta es tan mía como del jugador triunfante. Todos admiramos la alianza de genio, mente y cuerpo ajenas como si fuésemos el puño de un gigante quebrando la quijada de un monstruo cruel y eterno.

 

Nunca está de más decir que nadie quiere exculpar, simplemente queremos entender. Cuando eres un atleta de alto desempeño tu cerebro está intoxicado de endorfinas, por lo tanto, solo piensas en la victoria y en gran medida en el aplauso posterior…en la gratificación al sobrevivir la batalla. Lo mismo aplica para los músicos y los artistas. Ser un atleta admirado, súper pagado, mimado y complacido te convierte inevitablemente en un Rockstar.

 

Cuando estás arriba en un momento de notoriedad audiovisual, cinematográfica, televisiva o radial sucumbes al Hybris. El ego te come y eres más grande que la grandeza misma. Por eso, caer es inevitable.

 

Cuando entras a una organización deportiva o musical las normas de las logias se establecen sin hacerse explicitas. Estás dentro de una fraternidad en donde las bromas pesadas son parte de un ritual y diluirlas hacia los nuevos o hacia los que te sometieron a ciertas burlas son parte de la compensación del largo camino hasta la aceptación del grupo.  

 

Volvamos: nadie quiere exculpar, simplemente queremos entender.

 

Omar Vizquel es el triunfo deportivo y económico de un país cuyo individualidad (a la vez torpe y asertiva) ha vivido una racha extensa de fracasos, frente a una sucesión coagulada de éxitos fúnebres. Vivir un dolor que viene fuera de tu país, incluso estando sumergido en calvarios insondables resulta un sentimiento tan confuso como premonitorio, de lo que pudiera estar al doblar de cualquier esquina para el mundo que nos mira con distancia y sabrosura.  

 

Crimen

 

El cine canta una heroica ambivalente en A Perfect World (Eastwood. EUA 1993). Allí Kevin Costner (Butch Haynes) hace el papel de un delincuente y secuestrador, que se convierte en la figura paterna de un niño huérfano, criado y sumergido en la dinámica de los testigos de Jehová. Sin poder celebrar cumpleaños o disfrazarse en Halloween el niño encuentra un resquicio a la realidad rígida que lo circunscribe. Todos sabemos que muchas necesidades infantiles deben guardarse en un maletero, del que algún día saldrán olores descompuestos o deudas sin saldar. Ver ese película es completarse como hombre, al saber que adoptar a un padre es posiblemente la primera elección definitiva que hacemos en la vida.

 

Pero, hablamos de un día cualquier en Venezuela.

 

Ver a un niño y a un adulto robar a un hombre en cámara parece ser el arco final de una historia en donde el amor y la protección parecen una poema tragicómico a dos voces. Nadie puede enseñar otra cosa que no haya vivido. Dos generaciones se hermanan en un atraco como una alegoría de que también hay un alfa y un omega en la pillería y que tan culpable es el descuidado como los que se agazapan para desplumarlo. El hampa aparece como un hogar que entrega técnica y da oficio. Cada cuarto es una enseñanza práctica, ausente de ética, pero que une bajo el amor más oscuro (el que da la confianza y el trabajo en equipo) Es la historia de un hombre fuerte, hacia su tercera edad; y con él un niño que aprende que los golpes bajos también tienen su tino. A la par en campo raso: caballero desdentado y escudero frágil labran una faena tan viciada que le hace perder al crío una protección peligrosa, pero al fin y al cabo amparo único ante la calle y el abismo que es éste mundo, la calle y el abismo que es cualquier mundo.

 

@ortegabrothers

                                


Wednesday, March 17, 2021

¿Sueño o me sueñan?



¿Sueño o me sueñan?

Joaquín Ortega

 

Cuca, cariño y deudas vienen siempre en el mismo combo

– Mi papá

 

Los viajes en el tiempo son reales… y mucho antes de que se hablara de accidentes cuánticos las paradojas espacio temporales también existían. Por ejemplo, en una elección equis en la vida mi hermano fue a votar; y ya él mismo había metido el voto antes de que llegara a ejercer su derecho. Y no, no es ingenuidad de su parte (o fraude por parte de los miembros de mesa) ¡es que lo habían visto a él!... o a su gemelo, en opinión de los presentes… sufragando con la misma cara de pánfilo y casi vestido igual. Ya haya sido que le bailaran la decisión o que un clon haya aparecido como impostor, una cosa le quedó clara para la vida: la próxima vez que la esposa lo pillara en un cacho, la culpa iba directa para ese doble viajero entre dimensiones.

 

Pero, hablemos del ahora. Viviendo en éste eterno lunes que nos dejó el encierro en pandemia algo queda claro: que el tiempo es tan relativo como la hora en la que te despiertas. Incluso el tiempo no se mide por minutos, horas y días sino por horas perdidas frente a series y películas vistas en streaming. Incluso, la cuenta va en memoria ocupada en el disco duro entre películas y subtítulos bajados y cicatrices en los dedos frente a los video juegos. Es tan loca toda esa incorporación de historias ajenas en nuestra vida sedentaria (y ahora híper higiénica) que se van convirtiendo en reales esas imágenes, y que como recuerdos intrusos invaden nuestros sueños con aventuras exóticas o diálogos prestados.

 

Haga usted el ejercicio de recordar sus últimos tres sueños y seguramente habrán sido colonizados por personajes de Netflix, Disney Plus, quemaditos de confianza o narradores inmóviles de documentales de toda monta y calaña. Los sueños más movidos serán una mezcla de Great Theft Auto o de algún juego en donde la adrenalina, junto a la desconfianza y la ladilla fosilizada se conviertan en células grasas digitales con la cara de Harvey Weinstein. En ese mundo todos somos como los personajes de Among Us mimetizados en alguna versión cutre de apuestas on line, en donde futbolistas muertos y vendedores de frutas con pacas de dólares nos miran con cara de perdona vidas.

 

En esa onda, apueste y gánese usted mismo si no estuvo en éstos meses en una pesadilla tipo El Hoyo… no jugó ajedrez con gente salida de The Gambit Queen… no se despertó cantando una melodía de algún largometraje animado o simplemente, creyó haber discutido en ascensores fantasmales sobre series indigestas y comedias tan malas como los chistes de un compañero de cola de la gasolina. Lo más fuerte de estos días es que uno ya no sabe si lo que discutió acerca del origen del fulano virus o sobre las protestas gringas, sus elecciones y los trending topic de Twitter fue con uno mismo, con alguien por Whatsapp o fue medio dormido… terminando de empatar una pesadilla con otra mientras se entraba al baño en la oscuridad (con una pantufla sí y otra no) dándole vueltas al papel tualé con cuidado, como si fuese una hornilla caliente, encendida solamente por nuestra imaginación.

 

Lo más sórdido de estos días es que uno agradece los líos primitivos de las juntas de condominio, los problemas agropecuarios de falta de agua, la persecución de ofertas médicas, la eterna zanqueadera de comida para que la plata medio alcance, las perennes vigilancias de choros que se meten descalzos en las casas o se defecan por razones brujeriles en los estacionamientos que saquean. En fin, esas pequeñas cosas que nos amenizan la pausa que le pusieron a la película del mundo. Una película en donde todos aparecemos en cada capítulo peor vestidos y como extras no remunerados.

 

@ortegabrothers

 


 

 

 

 

 

 

Sunday, September 17, 2017

Cine para 2: Amar en tiempos difíciles


Cine para 2
Amar en tiempos tardíos o difíciles
Joaquín Ortega

El cine nos da una oportunidad para adentrarnos en los mundos emocionales de gente que se parece a uno o que, por el contrario, han vivido cosas a las cuales nunca quisimos atrevernos.  Amar es un rasgo humano que no solo se va asentando con el tiempo, sino que se extiende con una profundidad que prueba de qué estamos realmente hechos. Ya sea por un asunto de no chocar contra los convencionalismos sociales… o simplemente, por ver con demasiado drama el reloj de nuestras vidas, más de una vez se ha dejado de vivir un encuentro romántico, trayéndonos solo autolimitación. Hoy en cine para 2 revisaremos un par de películas que atienden al amor en distintas facetas: totalmente humanas y totalmente vigentes.

Violette (Martin Provost. Francia, 2013)

Darle pocas vueltas a problemas personales, exponiéndolos artísticamente es una de los grandes y acertados ímpetus de la literatura de Violette Leduc. En éste caso, la película inspirada en diversas biografías logra, de una manera precisa, retratar diariamente el contexto en el cual una mujer -en tiempos de posguerra- intenta encontrar su lugar en el mundo. 

Desde la primera escena en donde vemos a una joven conviviendo en un matrimonio arreglado, acicalándose  -sin ningún tipo de comodidad pequeño burguesa- hasta las profundas diatribas sobre estilo, tiempo y temática con una joven filósofo -Simone de Beauvoir- la historia nos lleva sutilmente de la mano a universos de amor y profesionalismo insospechados.

El dialogo campo-ciudad es un subtexto maravilloso en sí mismo y planteará reflexiones a más de uno, incluso después de abandonar la sala de cine. Una cantidad de personajes menores representan vicios o estilos ante la vida: la angustia, la pereza, la envidia y hasta la estulticia rumian sus propias miserias por los pasillos. No hay papel pequeño en ésta cinta. Fundamentalmente, la amistad es la base para que nazca el amor no correspondido de ésta aspirante a literata, por la ya famosa pensadora. Por cierto, la luz juega un papel muy importante porque apadrina tanto los difíciles momentos de conflicto interno, como los más ligeros de reencuentro con la autoestima y las realidades menos pesadas de la vida cotidiana. La puesta en escena plantea unos años cincuenta inundados de creadores,  artistas, pintores, intelectuales con tantas contradicciones ideológicas, como colmados de propuestas, que casi rayan en la egomanía.

Estructurada en episodios de encuentro con grandes figuras consolidadas del arte y la escritura francesa, Violette exhibe una serie de resultados disímiles pero creíbles. La relación con Jean Genet, el encuento con Albert Camus, la transferencia casi psicológica y emocional con Maurice Sachs o Jacques Guérin, complementan el mundo interno de nuestra protagonista, marcado por el abuso infantil, la ausencia de afecto materno, la lucha sobre la autonomía de su propio cuerpo y el amor no correspondido.

Actúan Emmanuelle Devos como Violette, Sandrine Kiberlain como Simone de Beauvoir, Jacques Bonnaffé como Jean Genet. Estuvo nominada a los premios Magritte en 2014 como mejor cinta en coproducción conjunta. En el festival internacional de Toronto de 2013, recibió una ovación de pie el día de su estreno.  La respuesta de taquilla y el gusto en el público han convertido a ésta película en un producto cultural clave para entender la literatura intimista y al feminismo naciente de los años cincuenta.

Puntuación: 5 sobre 5
   

Más vivos que nunca (Alfredo Anzola. Venezuela, 2017)

Vivir después de cumplir con ciertas etapas consideradas como “normales” o “naturales” es todo un reto, no solo en Venezuela sino en el mundo. Ser abuelo, mantenerse soltero, ser viuda… estar al margen de hijos o familiares…enfrascarse en la soledad… o vivir en hogares para la tercera edad…no son muchas las posibilidades, que ofrece el final de la vida, pero sí serán diversas las formas de enfrentar esas realidades.

El ojo de Alfredo Anzola combina, gracias a su formación humanística –no olvidemos que además de sociólogo, es doctor en ciencias sociales por la UCV- una mirada   documentalista, intensa, sugerente en lo descriptivo y  a ratos, emocionalmente costumbrista.  El guión resulta organizado y equilibrado, lo que le da a la realización un tono de estructura y resolución elíptica sin ambages ni manierismos.

Con un tono de comedia que roza los sentimientos más cercanos, la historia narra en formato de road movie, la salida sin permiso de unos ancianos quienes deciden cumplir el último deseo de una de sus compañeras: que sus cenizas se mezclen con un río en el interior del país. A partir de ésta transgresión, la aventura se convierte en una sucesión de eventos en donde familiares, amigos y personajes incidentales le dan el chance a los protagonistas de reencontrarse con potencialidades olvidadas y talentos ocultos.

Al decir del cineasta Edgar Rocca (El hombre más malo del mundo. Venezuela. 2016) ésta película: “se sostiene por un casting sólido: Pedro Durán, Rosario Prieto, María Cristina Lozada, entre otros…conocidos por la TV, el teatro y el cine de siempre le dan una presencia muy especial”(…) En ésta película “hay una búsqueda…de un último logro. Es a ratos conmovedora y refleja las añoranzas de un director que trabaja desde los años setenta en el cine venezolano (…) en el tema de la dirección de actores y de escenas, debo decir que es muy digna e interesante”.

Más vivos que nunca es protagonizada por Rosario Prieto, María Cristina Lozada, Eduardo Gadea Pérez, Pedro Durán, Gonzalo “Chile Veloz”, Antonio Delli y Nohely Arteaga entre otros excelente actores que generan un muy atinado reparto. Fue ganadora del primer Premio especial Movistar, a la película más votada en redes sociales.  

Puntuación 4 sobre 5

@ortegabrothers





Thursday, August 03, 2017

Síndrome de abstinencia a la MUD


Síndrome de abstinencia a la MUD
Joaquín Ortega

¿Siente usted alguno o todos de estos síntomas?

Calambres abdominales
Ansiedad
Insomnio
Deseo irrefrenable de consumo de Borgescaína, Ramos Sativa o Martiriocetaminofén
Cefalea testicular
Náuseas
Fatiga crónica
Irritabilidad leguleya
Oleadas de calor y frío
Mialgias como si le hubieran sacado el gato en el alma 
Sudoración  cambiaria
Inquietud por el mañana, empezando ahorita mismo 
Deseo irrefrenable por ir al Baby Shower del próximo retoño de Lilipoldo
Terror al default

Si los siente todos...consulte a su médico de confianza 


Wednesday, July 12, 2017

Cine para 2: Entre disfraces de superhéroes y disfraces de Drag Queen


Cine para 2
Joaquín Ortega
Entre disfraces de superhéroes y disfraces de Drag Queen


El cine de aventuras siempre contó con personajes adultos que cumplían cierta labor rutinaria en su vida, cuando de golpe, se transformaban -por eventos más grandes que ellos- en seres enérgicos capaces de vencer al mal. Las misiones eran tan importantes, como sus angustias anticipadas, y su grado de madurez iba de la mano de la intensidad de las batallas a enfrentar. Sería uno de los mismos creadores de esos arquetipos para el cómic -Stan Lee- quien diseñara un modelo distinto de personaje; así, dibuja a un joven con problemas típicos de la edad de sus primeros lectores de historieta.: Spider-Man cuando no combate a los malos, es un adolescente cuya transformación personal va de la mano de sus carencias económicas y el desarrollo de sus propios intereses y talentos. Por otro lado, frente al cine de aventuras tenemos un documental dirigido por el venezolano Tom Monasterios,  quien aborda el tema de los derechos sexuales de las llamadas minorías LGBT, dando una mirada que es, a la vez, el viaje de un latinoamericano en Estados Unidos y un estudio comparativo de religión, amistad, miradas lúdicas y antropología cultural. Hoy en cine para 2 conectamos las aventuras con un cable a tierra y les invitamos a darles un ojo.

Spider-man, Homecoming (Jon Watts, 2017)

En la jerga de las computadoras y del cine masivo el término “Reboot” significa “reiniciar”, y esto es lo que trae la película número 16 del universo cinemático de Marvel. La historia la hemos visto infinidad de veces, pero son varias las diferencias con los inicios de las películas previas. Todo comienza luego de la famosa batalla de Nueva York, el terrible incidente en donde The Avengers vencen a las fuerzas combinadas de los extraterrestres Chitauri guiadas hasta la tierra por Loki, el hermano perverso de Thor. Peter Parker, ahora es tutorado, en cierta medida por Tony Stark, quien insiste en que puede ser parte de ésta nueva camada de superhéroes, pero con paciencia y trabajo duro. De hecho, gran parte del mensaje subyacente de la película va dirigido al tema de la posibilidad de lograr todo lo que cualquiera pueda proponerse con dedicación y paciencia. Las escenas postcréditos hacen énfasis en el asunto de nuevo, de boca de Steve Rogers, el Capitán América.  La dirección de Jon Watts juega en distintos niveles con las emociones propias de la edades de paso, cierto tono de terror y tensión y, claro está, mucho humor como ya ha venido desarrollando el universo Marvel por derecho propio. Dos de sus películas anteriores Clown (2014) y Cop Car (2015) son altamente recomendables y en dos géneros distintos. En el resto del elenco Michael Keaton como Vulture y el regreso de Jon Favreu como Happy Hogan convierten la experiencia actoral junto al joven Tom Holland en una experiencia de posturas éticas más allá de un simple divertimento fílmico. Puntuación: 5 sobre 5

La Experiencia LGBT (Tom Monasterios, 2016)

El documental es una pieza audiovisual con un carácter marcadamente descriptivo, casi siempre, en un modo y tono narrativo que hace todo lo posible porque sea la audiencia quien saque sus propias conclusiones. En éste caso, el trabajo del venezolano Tom Monasterios cumple con las normas clásicas del género. Eso sí, lo hace con un ritmo poco común que hace que nos interesemos del lado humano de aquellos que celebran haber encontrado su sexualidad y mostrarla sin culpas ni miedos. Las preguntas nacen de la propia interacción con los entrevistados: ¿se nace homosexual? ¿es un asunto de moldeado familiar o social? ¿la educación forma a los ciudadanos para entender la diversidad de las emociones y las necesidades eróticas adolescentes y adultas? Asimismo, resulta novedoso para el público latino ver, de primera mano, las estructuradas argumentaciones de religiosos abiertamente homosexuales…o conocer de primera mano cómo es la cotidianidad -y la protección más allá de lo genital- de hombres y mujeres, cuya vida íntima pudo –y puede- ser considerada delito en otras latitudes. Este trabajo es sin duda, una excelente iniciación al tema, y si bien la divulgación nunca es completa y quedan muchas más preguntas por resolver –incluida el tema actual de la inserción de una letra más en las siglas LGBT, es decir, LGBTI- un producto de ésta factura e intencionalidad, hablan muy bien de las posibilidades de diálogo e integración que las sociedades maduras se merecen.  Puntuación: 5 sobre 5.


@ortegabrothers

Cine para 2: Argentina y Venezuela obediencia militar y política


Cine para 2
Argentina y Venezuela obediencia militar y política.
Joaquín Ortega

El lenguaje del cine es el de las emociones. No importa el idioma si los actores y la puesta en escena nos convencen de que algo real está sucediendo. Si le pasa a los protagonistas podría pasarnos a nosotros ¿Cierto? Hoy revisaremos dos dramas cruzados por la obediencia y la autocrítica. Seguir órdenes o impartirlas nunca estarán en el mismo rango de valoraciones, aún cuando muchos crean que ejercer la libertad -o el liderazgo- es cosa fácil. Hoy en cine para dos revisaremos Kóblic del argentino Sebastián Borensztéin y La planta insolente del venezolano Román Chalbaud.


Kóblic (Sebastián Borensztéin, 2016) basa su tensión dramática en los conflictos de personalidad y de interacción social de un militar retirado, perseguido por sus propios demonios de guerra. Habiéndose encargado de algunas desapariciones forzadas durante la dictadura –específicamente del lanzamiento desde el aire de guerrilleros y militantes comunistas- el capitán, interpretado por Ricardo Darín- planea vivir en el bajo perfil, desmarcado de acciones violentas, recluido en su cotidianidad y recuerdos. Todo esto cambiará de un momento a otro, cuando un oficial de policía cruel e injusto (Oscar Martínez) insista en alterar el frágil equilibrio del refugio de nuestro antihéroe. Como es de esperarse, la película unificará algunas reglas del género Western en donde un desconocido con pasado funesto -y capacidades inesperadas para la defensa y el ataque- sale en ayuda de una comunidad dócil y sometida. También se establecen diálogos a lo Film Noir y en especial, ciertas licencias históricas para darle una suerte de final digno y digerible a muchos de los veteranos de esa ofensiva política de los años 70, simple excusa en la vida real, para consolidar una larga dictadura militar. La narrativa visual de la historia juega con grandes planos y momentos intimistas, conjugando tonos sensibles sin llegar a ser un ejercicio de duelos sombríos.  Si bien el propio género bebe constantemente de la obra de John Huston, John Ford, Sam Peckinpah o los más recientes ejercicios de Clint Eastwood –Unforgiven-, los hermanos Cohen –No Country For The Old Men- o David McKenzie –High Hell Or High Water-  ésta cinta encuentra un punto medio entre homenaje y particularidad.  Protagonizan Ricardo Darín, Oscar Martínez e Inma Cuesta. Cabe destacar la pertinente escolta musical de Federico Jusid, recordado por ser el compositor de la hermosísima banda sonora de El Secreto de sus ojos (Juan José Campanella, 2009). Oscar Martínez obtuvo el premio al mejor actor de reparto en el festival de cine de Málaga, al igual que Rodrigo Pulpeiro se llevaría el primer premio en el mismo festival por su trabajo en el área de fotografía. Puntuación 3 sobre 5.

La planta insolente (Román Chalbaud, 2017)

Cuando algo no va a salir bien, nada mejor que sea desde el principio. Ésta cinta toma como excusa política para el presente, un evento histórico disfrazado de nacionalismo, cuando la mayoría de sus causas no fueron más que una sucesión de corruptelas y excesos administrativos. Roberto Moll es Cipriano Castro, un presidente venezolano    -con marcado acento peruano- cuya interpretación señala, a su vez, un deje melodramático más cercano a la telenovela que al cine. Si se contrastan sus valores narrativos y estéticos poniéndola al frente de El Cabito (Daniel Oropeza, 1978), queda en franca desventaja, a pesar de los ingentes recursos técnicos actuales; ya que la obra de los años setenta, sin contar con escenas de batallas grandilocuentes en tierra o enfrentamientos navales -con efectos especiales de tráiler a lo juego de video- pone en evidencia que la verosimilitud cinematográfica se logra con algo distinto a la postproducción o a la publicidad. Existen actuaciones desaprovechadas como las de Antonio Cuevas –luchando contra la caída de un maquillaje que traspasa cada línea, vigorosamente interpretada-  y otras inexistentes, por decir lo mínimo, como es el caso de un Gómez, anodino, casi en clave de performance escolar- La mezcla final de la cinta abusa del volumen musical, inconsecuencias argumentales, errores de continuidad y baches de trama que atentan contra la coherencia interna de acciones y personajes. Puntuación: 1 sobre 5


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@ortegabrothers