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Sunday, July 11, 2021

Curda, rap y videos



Curda, rap y videos

Joaquín Ortega

 

El licor es un lubricante social por excelencia y tal vez el principal responsable de todas las cosas malas -o buenas- que pasan en el mundo. Eso de que tan bueno o malo bueno sea algo depende también del resultado…y sobre todo del registro ante la ley.

 

En tiempos en donde al parecer reírse y rezar son actividades próximas a la clandestinidad, agarrar una pea en video parece ser de las travesuras más inocuas. Por cierto, como todos los excesos –en teoría- los resultados deben ser estrepitosos, pero no sangrientos; y aunque mucho se ha intentado educar y llamar la atención para que la gente beba moderadamente, en el mundo audiovisual quedan variados registros Gore y no tan Gore como testimonio: borrachas en topless que pegan la cabeza contra un anuncio cuando se asoman mucho del descapotable…arabitos bailadores que caen de la mesa al suelo -pero al suelo del edificio cinco pisos abajo- por dárselas de Shakira…gatillos alegres o explosivistas amateur que salpican de tripas inesperadas las fiestas infantiles que pretendían amenizar. Eso sin contar con el humor involuntario de wannabes de trapecistas o volatineros que brincan entre edificios y cornisas -celular en mano- como si fuesen dobles de Daredevil o imitadores de Tom Cruise -quien cuando se fractura las costillas, por lo menos unos cables le sostienen el cuerpecito-

 

Y como una cosa lleva a la otra…hablando de estos temas con un amigo rapero de Los Ángeles concluimos en que estamos a minutos de ver cómo los intoxicados irresponsables demandan a automóviles mal conducidos por ellos mismos…abren causas judiciales a los policías que los arrestan antes de cometer un crimen contra algún amigo idiotizado por la piedra, en una apuesta absurda… o incluso veremos querellas en tribunales demandando a la mismísima ley de gravedad por ser cómo es.

 

Y de las demandas pasamos al dinero. El dialogo entrecortado por los apagones y las constantes llamadas de su esposa latina a poner la mesa nos condujo a revisar el estado y los legados de la industria musical a través de los géneros. Suena a tesis doctoral y todo, pero en resumen la discusión iba acerca de Rap versus el Rock o “el Hip Hop versus el Rock: encadenamientos de valor, cotización, suministro y retail”. De allí extrajimos las siguientes conclusiones y lo cito:

 

Los negros sí generamos empleo y el rockero aunque sea negro termina destruyendo la cadena de valor que fortalece a su género musical. Ahondando en la tesis, pero poniéndola de manera clara:  el rockero después de un show se rasca y se duerme o destruye el cuarto del hotel que ya estaba asegurado para sus niñerías. Luego del show por el contrario, el rapero o el hip hopero inicia un ciclo de actividades que producen riqueza y extienden la cadena de valor. El Hip Hopero tiene amigos que terminan trabajando para sus panas. El rockero tiene empleados que terminan siendo con suerte sus demandantes o demandados. Aquí, de nuevo cito a mi amigo -bisnieto de esclavos e hijo de dos héroes de guerra- : “todo negro del Hip Hop tiene un negro que le trae monte; en paralelo, tiene a mano a otro negro que le trae las putas, y otro negro que trae a otro negro que ya no se droga, para que maneje el carro. Éste otro negro, a su vez trae a otro negro que es un foodie y que trae a tu papá… a quien que no lo has visto  desde que preño a tu mamá y se fue. Y así el primer negro, termina comiendo pollo frito en el carro con un montón de negros, que en unos meses comprarán una canción sobre negros haciendo vainas de negro en la madrugada”.

 

Con un razonamiento tan impecable lo que queda es cerrar con una verdad de pueblo pero universal:  lo malo no es beber si no rascarse y el que rumbea con la barriga vacía termina en el carro de la policía.

 

@ortegabrothers



Monday, July 02, 2018

Las mejores películas que he visto hasta ésta mitad del 2018


Las mejores películas que he visto hasta ésta mitad de 2018
Joaquín Ortega



Ready Player One (Steven Spielberg. 2018) basada en la novela de Ernest Cline, resume de forma apretada, pero fluida las tremendas referencias intertextuales de la cultura pop contemporánea. Es un ejercicio Transmedia que ni aburre ni decepciona. Una joya nerd para nerds, que no abandona a las audiencias poco empapadas del rock de los noventa, de los video juegos clásicos, de los juegos de cartas de roles o de los cómics.  Mención especial merece el guión cuya adaptación del propio Ernest Cline y de Zak Penn, ya que habla de un ejercicio profesional de pertinencia y concisión narratológica.


Death Of Stalin (Armando Iaunucci, 2017) Es una sátira política culta y mordaz que va descosiendo el tejido de los autoritarismos clásicos. Aquí el terror, el espionaje, las vilezas, la desesperación  y la venganza que animan a las burocracias militares y comunistas se retratan con las claves de la comedia negra más ácida. Las actuaciones de  Simon Russel Beale como Beria –el jefe de la policía política- y Jeffry Tambor como Malenkov –uno de los padres de las purgas estalinistas- son clases de actuación en sí mismas.


A Quiet Place (John Krasinski, 2018) Es una obra maestra del terror que cruza sin ningún traspié las fronteras del suspenso y la ciencia ficción.  Tanto Emily Blunt como John Krasinski generan un máximo de conexión con los asistentes a la sala. Siendo una película de tensión contenida, merece especial mención el diseño de sonido, los efectos especiales y la fotografía que combinan lo bucólico, con el constante acecho de unos depredadores poco comunes. Asimismo, los jóvenes actores fluyen con el entorno familiar en un mundo hermoso, pero peligroso más allá de la cotidianidad de la ciudad.


The Ritual (David Brickner, 2017) Sin duda, una película de terror con una excelente  mezcla de géneros -y sub géneros- cuyos giros en la trama sorprenden cronométricamente. Bebe de películas de culto como Deliverance (John Boorman, 1972), de Cabin In the Woods (Drew Goddard, 2012) del género slasher, del western gótico, del universo de los monstruos, del mundo de las pesadillas, de la estética Hammer Films, del terror mágico escandinavo. En fin, una obra sólida en actuaciones y con una puesta en escena que recuerdan lo mejor del espíritu del bajo presupuesto junto a descomunales recursos actorales, creativos y de dirección.


Hereditary (Ari Aster, 2018) Sorprende con una reinvención del subgénero de las posesiones satánicas. En especial atrapa por un ritmo delirante que va llevando al foso a los personajes y al público, quien -muchas veces- se pierde en una sucesión coreografiada de muertes al azar y alucinaciones, cada vez más grotescas. Si tuviéramos que definirla nos valdríamos de la metáfora del Bolero de Ravel, en donde una misma melodía va siendo acompañada de distintos instrumentos, para luego integrarse en un todo mucho más robusto y mucho más siniestro, a cada compás. Toni Colette y Gabriel Byrne sirven como dos perspectivas de una misma realidad oscura y el resto de elenco se suma como una gracia y una precisión de relojería. Mención especial merecen la edición, el diseño de sonido y los impresionantes últimos diez minutos del film, que concluyen con un final digno del clásico Wicker Man (Robin Hardy, 1973) o de The Witch (Robert Eggers, 2015)


Red Sparrow (Francis Lawrence, 2018) Basada en la novela de Jason Matthews –ex agente de la CIA en la vida real - descubrimos un excelente ejercicio de adaptación del texto al guión. En la tradición de las grandes historia de espías Red Sparrow acompaña todo el proceso de selección, entrenamiento, misiones y cambios de bando clásicas en las historias de John LeCarré, Ian Fleming o Tom Clancy. El director Francis Lawrence desarrolla una estética de la violencia y la tensión sexual muy imaginativa, volviendo a su visualmente rica Constantine, superando narraciones más planas como las de I Am Legend… o distópicas post adolescentes como la trilogía de Hunger Games. La música de James Newton Howard se acopla de manera muy rica con el adagio de Grieg, que sirve de leit motiv para la progresión -y anclaje- del personaje de Dominika Egorova     –Jennifer Lawrence- Los exteriores en ciudades como Budapest, Viena o Bratislava son un acierto y generan una emocionalidad que ayuda a potenciar la historia, sin ser  lugares anecdóticos o puramente ornamentales.


Isle Of Dogs (Wes Anderson, 2018) una inesperada historia animada que retrata un futuro distópico, en donde los perros son enviados a una isla debido a una supuesta enfermedad contagiosa para los humanos. Estructurada en una simple premisa              - un niño quiere encontrar a su perro extraviado – asistimos a la construcción coral de una pandilla de canes sin dueño, quienes se aventuran a darle sentido de misión a la búsqueda. Repleta de preciosismos visuales, texturas colorizadas, ritmos y volúmenes la historia evoluciona hacia interpretaciones más adultas -traiciones políticas, laboratorios, conspiraciones- junto a momentos emotivos que a nadie dejarán imperturbable. Especial mención merece la narración de Courtney B. Vance y las voces de Scarlet Johanson, Bryan Cranston, Tilda Swinton, Kunichi Nomura y Ken Watanabe, entre muchísimas estrellas que le dan fuerza a personajes entrañables o mala conducta.


Avengers: Infinity Wars (Anthony y Joe Russo, 2018) Poco se puede agregar a lo que, para muchos ha sido el evento cinematográfico de la década. La combinación de personajes, historias, motivaciones, universos y multiversos de Marvel parecen no tener comparación en propuestas audiovisuales corales e intersectadas recientemente. Diseñada para dejarnos el sabor en la boca –y desear un próximo bocado- Avengers: Infiity War baraja intencionalmente las cartas de un juego que le mueve el piso, tanto a fanáticos de los comics, como a cualquier espectador novato. Al final, concluye con uno de los Cliffhangers más memorables de la historia del cine. Efectos especiales, post producción, dirección de actores y musicalización llevan menciones honoríficas, porque le dan sentido a una industria cuya mayor fortaleza      –ayer, hoy y siempre- reside en la colaboración creativa.

@ortegabrothers

Sunday, September 17, 2017

Cine para 2: vacaciones, una muñeca y un hámster


 Cine para 2

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Joaquín Ortega
Vacaciones, una muñeca y un hámster

Las vacaciones de verano siempre traen como consecuencia que se caiga en las trampas de los Blockbusters o de las películas para toda la familia. En esta oportunidad, el terror y el cine para niños cumplen con lo que prometen: asustar y hacer reír. Una muñeca poseída -Anabelle 2: la creación- es la excusa para ir ampliando los tentáculos de la saga de El Conjuro. Así, el llamado universo fílmico de los Warren da pie para la profundización de un objeto terrorífico y mortal. En el caso de Mi amigo Raffi, un intrépido roedor, transforma el mundo de adultos y niños con más de una moraleja: unas ligeras y otras no tanto.

Anabelle: creation. (David F. Sandberg USA, 2017)

El terror ha tomado una fuerza inusual bajo el esquema de mostrarlo en secuencias con luz de día. Esto se lo debemos especialmente a James Wan, director y escritor experto en ese tipo de presentaciones donde el contexto cotidiano y solaz alberga un horror latente. Anabelle: Creation se distancia un poco de éste estilo diurno, pero logra las mismos consecuencias en la audiencia.

La historia comienza en los años 40, cuando una niña sufre un accidente mortal al borde de una carretera rural poco transitada. Sus padres desolados por la pérdida deciden, en medio de su dolor, darle entrada a lo sobrenatural. Asumen que algunas voces y acciones asombrosas son producto del espíritu de su pequeña, recién fallecida y deciden confeccionar una muñeca de porcelana donde supuestamente habitará su alma.

Como era de esperarse todo va de mal en peor: apariciones funestas, sangre a borbotones y desesperación laberíntica se mezclan en un remolino de llanto,   fuerzas del bien y fe puesta a prueba. Con una ayuda inesperada, los personajes creen que han logrado sellar la maldición, guardándola en un cuarto bajo llave. Hasta aquí un inicio terrorífico, para unas no menos acciones de pesadilla. La siguiente línea de acontecimientos se relata 12 años después, cuando unas huérfanas deben ir a la casa donde duerme Annabelle y el espíritu que habita en la muñeca es liberado por accidente. 

En una sucesión de escenas dignas del terror psicológico, junto a una dosificada violencia Gore, tanto las huérfanas, como el resto de los habitantes de la casa, comienzan a sufrir las consecuencias de permanecer con un demonio que entra y sale de la muñeca, la cual resulta ser más un portal, que un simple juguete alérgico al agua bendita.

Luego, doce años después, la historia avanza al principio de las acciones que originan Annabelle, la película original y en las escenas poscréditos aparece uno de los demonios que hacen gala de su maldad en The Conjuring.

Las técnicas de narración que se utilizan están vinculadas a la sorpresa y al sobresalto, y, al principio parecen no ser tan sorprendentes como la conexión argumental y temática entre el llamado “Warrenverse”, es decir el universo de los Warren -la famosa pareja de espiritistas cuya vida real inspiró los relatos sacados de la vida real de ésta serie de películas hermanadas por personajes en común que luchan o padecen el mal venido directamente del infierno- pero sin embargo, terminan convenciendo a las audiencias más fanáticas.

Las actuaciones resaltan en todas las edades y tanto la música, como la ambientación que transita en un avance de treinta años en la cinta, genera un efecto nostalgia que le da credibilidad visual a una historia entrecruzada, que por lo visto ha llegado para quedarse y asustarnos por un buen tiempo.  

Puntuación 5 sobre 5



Rettet Raffi!. Mi amigo Raffi. (Arend Agthe. Alemania, 2015) 

El cine para niños nunca ha dejado de tomar en cuenta a las personas mayores, a esos adultos quienes acompañan a los menores a las salas de cine. En el caso de Mi amigo Raffi, esta premisa se lleva hasta arriba, haciendo que la mayoría de los adultos rían y compartan las emociones junto a los pequeños dentro de la sala. Sammy, es un niño de 8 años quien tiene una mascota  muy particular: Raffi, un hámster cuyas aficiones van desde jugar al fútbol hasta sobrevivir ataques gatunos y riesgosas caídas cuasi mortales.

El enemigo número uno de Sammy, es Rocky un hombre malvado y torpe. Su afán por robar cigarrillos solo es comparable a su compulsión por tener a Raffi bajo su poder. El miserable Rocky urde un plan macabro para llevarse al roedor de la tranquilidad de su hogar y, prácticamente es el ingenio de Sammy, quien enfrenta solo la aventura de salvar a su pequeño amigo. 

Al ser una película europea se plantean una serie de temas y tramas, que pueden alterar o ayudar a debatir a los padres con sus hijos: el hecho de fumar en exceso, la precoz relación de una hija menor con su novio, durmiendo regularmente en el mismo techo, la sucesión de malas palabras, a veces no traducidas al español, cierto subtexto político, entre otros. Una pregunta que pudiera hacerse la audiencia es la displicencia de la madre y la hermana, ante el pedido de auxilio de Sammy o la ausencia del padre fuera de la ciudad por motivos de trabajo en un país tan violento como Afganistán… sin duda, todo eso solo propone mayor posibilidad de conversación al salir. Sin embargo, es tanta la acción y la emoción…la mezcla de risas, angustias y ternuras que todo lo demás quedará de lado.

Los entrenadores de animales de la cinta –junto a los diseñadores de miniaturas- son posiblemente los verdaderos héroes tras cámaras: hámsteres, gatos, perros y distintas arquitecturas en estudio que hacen palidecer a cualquier exterior cinematográfico del mundo. El director Arend Agthe, ya había ganado premios por su aporte al cine juvenil e infantil con Karakum del año 1994, rodada en su natal Turkmenistán. Habiéndose llevado el segundo lugar en el Chicago International Children´s Film Festival. Mi amigo Raffi ha funcionado tan bien en taquilla que se prevé una segunda y tercera parte, así como una serie de televisión para 2019.

Puntuación 5 sobre 5.

@ortegabrothers




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Thursday, August 10, 2017

Comedia surcoreana y terror británico


Cine para 2
Joaquín Ortega
Comedia coreana y terror británico

El cine nos lleva por sube y bajas emocionales con tanta naturalidad que, a veces olvidamos que su razón de ser, casi siempre, es sacarnos de la cotidianidad. Son muchas las versiones hollywoodenses de esa evasión de nuestro día a día, pero en pocas oportunidades nos acercamos a fábulas audiovisuales con el espíritu de otras latitudes. Asiáticos y británicos tienen mucho en común, más allá del consumo del té y el espíritu comercial, ambos pueblos tienen siempre un pie puesto en el futuro, a la vez, que no dejan de lado sus tradiciones culturales. Hoy en cine para dos vamos a echar un vistazo al cine inglés de terror más reciente y al cine coreano más familiar.

¿Cómo robar un perro? (Kim Sung-ho, 2014)

Los entuertos familiares son la excusa perfecta para iniciar tramas que nos mantengan con los ojos sobre la pantalla. En éste film surcoreano una familia dividida por problemas económicos -pero solidaria y amantísima entre sí- se contrasta con otra rica, pero, con poco amor compartido. La trama inicia con un plan perfecto para obtener dinero fácilmente. Una niña, decide secuestrar al perro Jack Russel Terrier de una vecina rica, pero como era de esperarse el conflicto se inicia cuando no todo ocurre como ella y sus amiguitos secuaces lo desean. Una serie de secuencias divertidas acompañan a un guión mitad infantil y mitad adulto. Cuenta con múltiples diálogos ingeniosos, apalancados en la expresividad de unos intérpretes que se presentan al principio exageradamente caricaturescos, para luego irse mostrando en contrarias capas emocionales, frente a los disparatados accidentes.  

Con una propuesta coral construida a base de niños llenos de buenas intenciones, adultos incomunicados, padres abatidos por vaivenes económicos, ricos cascarrabias e indigentes de buen corazón ésta historia comienza muy bien para terminar mejor.  Al ser una versión libre del libro homónimo de la famosa escritora norteamericana de novelas para niños Barbara O´Connor inspirará a los primeros lectores a comparar personajes y motivaciones, así como a aventurarse a ahondar en los textos que son tanto rituales de paso, como ejercicios de imaginación y lugares de ocurrencia para los dilemas éticos.  

Cómo robar un perro es una película que parodia de la mejor manera cintas de robo, con equivocaciones en restaurantes, torpes enamorados, malvados ineptos, mascotas traviesas y mendigos de gran corazón.  La estética visual combina lo mejor de los exteriores urbanos con una postproducción en el estilo de la televisión de concursos, digna de mencionar por su precisión y limpieza. Cómo robar un perro también obtuvo el primer premio en el décimo festival de cine internacional de niños en la India, llevándose el Golden Elephant en la categoría de mejor film asiático en 2015. Protagonizan Kim Hye-Ja como la dueña del perrito Wolly, Lee Ree como la tierna cabecilla de la banda, Choi Min-Soo como el vagabundo y Kang Hae-Jung como la madre.  Puntuación 5 sobre 5. 





Don´t Knock Twice (Caradog W. James, 2016)

El aliento y los ambientes de las historias de terror británicas han marcado generaciones enteras de creadores visuales a lo largo de las décadas. Enfocados casi siempre en la historia, más que en excesos de efectos especiales o montajes grandilocuentes logran proponer un cine que atrapa y que convence. Don´t Knock Twice no es la excepción en ésta nueva ola sobrenatural que parece venir con fuerza desde el cine y la TV de la pérfida Albión. 

La historia nos sumerge en una hilera de eventos extraños, sin dejar de lado la difícil relación de una madre artista que se reencuentra con su hija, y así, tratar de reconstruir un puente más franco entre ambas. La trama es sencilla: al despertar las fuerzas que habitan una supuesta casa embrujada, los males que allí ocurrieron tratan de alterar para siempre la vida de la joven y su familia.  Al parecer, quien los atormenta es la popular Baba Yaga, una figura del imaginario eslavo -mitad bruja, mitad espíritu del bosque- y cuyo nombre pudiera traducirse como la “vieja Yaga”.  Las acciones que se presentan hacia un solo fin, giran hacia cierta ambigüedad, haciendo que tanto las alucinaciones y las pesadillas -como las apariciones reales de la entidad espiritual- no dejen tener nunca clara a la audiencia de quién -o quienes- están detrás de los eventos terroríficos. 

Sospechas, asesinatos, tramas policiales alternas y portales dimensionales -que se agrietan y cierran sin aparente control- son parte de una historia que por estar contada en clave de conexiones intemporales, seguramente traiga una segunda o varias partes, después de ésta cinta. Protagonizan Katte Sakhoff y Lucy Boyton, como madre e hija respectivamente; Nick Moran, como el detective y Javier Botet como la pavorosa bruja que a muchos les robará la tranquilidad por un rato. Puntuación 4 sobre 5


@ortegabrothers