Sunday, October 11, 2009

La Guerra de Tarantino


La Guerra de Tarantino: Todo maniático del poder da un poco de risa
Joaquín Ortega

Skypedome, Las Vegas, Nevada. Exclusivo para Urbe Bikini


La película de guerra más esperada de la década por fin ve la luz. No sólo de plomo vive el cinéfilo, pero algo ayuda. La mirada de Tarantino, de barriga y copete que le asemejan tanto a Morrisey, concluye con que los malos siempre serán malos, a pesar de que los cruzados en batalla se les parezcan tanto. Exclusivo para Urbe Bikini un viaje por la Francia ocupada vagando entre disparos, explosiones y justicia poética.


Para cierto tipo de público el repaso bélico aburre. No se sabe si es porque ya no hay luchas verdaderamente heroicas, o simplemente porque las dos guerras mundiales -sufridas durante el tiempo que nos precedió- no tienen nada que decirle hoy a los espectadores. Gracias a directores de acción y pasión -como Clint Eastwood, Terrence Malick, Steven Spielberg, Ridley Scott, Wolfgang Petersen, Brian Singer o el mismo John Woo- la mirada a las batallas de mediados y finales del siglo XX, se han refrescado y mantenido como fuente segura de entretenimiento.

Posiblemente un habitante distraído -de una ciudad norteamericana cualquiera- no valore que muchos de sus ancianos son los verdaderos responsables de que el mal no haya tocado ni sus tierras ni sus vidas, y que el rostro de un héroe, es mucho más común de lo que la mitología puede dibujar. A partir de las miniseries Band Of Brothers y The Pacific o películas como Das Boot, Schindler’s List, Stalingrad, Saving Private Ryan, Enemy At The Gates, The Pianist, Valkyrie, Flags Of Our Fathers o Letters From Iwo Jima, la segunda guerra mundial no quedará al descuido durante un buen tiempo.


El cine de guerra revisitado

La premisa de Inglorius Basterds es sencilla: un grupo comando debe penetrar territorio ocupado y generar suficiente terror sicológico, de manera que se doble la voluntad, o al menos, se distraiga al enemigo. Tarantino cincela un relato crudo y rítmico, inspirado en las viejas películas del oeste y en las cintas bélicas de finales de los años cincuenta, en donde el protagonista ya no es el bueno Audie Murphy, sino un renegado, que castiga con sus propios métodos, al sádico que disloca la paz del mundo.

La introducción de los personajes -aún sin créditos oficiales, al ser una presentación en proceso de edición final- es una marcha empática en donde el espectador parece estar al tanto de todo, pero en realidad no sabe nada. Si el viaje promete una misión de entrada y salida a una Francia ocupada por los nazis, en la marcha se pierden los contornos de los géneros fílmicos. Es así, como pareciera que Valkyrie colisionara contra Rio Bravo, y que en un pantanoso contexto medieval se entrelazaran -bajo cierta onírica a lo Apocalypse Now Redux- el tiempo de un Western Spaghetti, como Django, con los diálogos inconfundibles de la etapa Film Noir de Kubrick.

Tratar de traducir en vocablos esta mezcla de tácticas narrativas y manantiales visuales, es simplemente caer en el lugar común de hablar de cine “estilo Tarantino”, y aunque sabemos que hay muchísimas influencias, tanto de Hitckcock, Leone, De Palma o Lynch, también hay mucho de B movies callejeras, de cine japonés y chino; y sobre todo, un profuso correlato con el cine de acción de Hong Kong.



Los Personajes

Brad Pitt pareciera construir su personaje a fuerza de retazos de arquetipos del cine. Es a ratos un sobreviviente enigmático y con cicatrices – ¿un Clint Eastwood, que recuerda al hombre “marcado por la soga”?- en otros instantes es un tenorio jugador a lo Robert Redford en The Sting – ¿más bien imitando, descaradamente al galán torpe en que se desdobla su buen amigo George Clooney en la campaña 2007 de Campari? - para luego transformarse en un motivador oscuro que pide cabelleras de soldados nazis y entrena bateadores que propinen Grand Slam sobre cráneos del bando contrario.

Virtualmente nadie saldrá defraudado de Inglorius Basterds, en vista de que la acción, el humor negro, la banda sonora -entre piezas académicas, orquestaciones “prestadas” de otros Films, los ritmos soul o el rap- y los momentos de espías y traiciones componen un todo orgánico, en donde las persecuciones, la venganza, las torturas -de lado y lado- y las subtramas –como la de ¡una película de propaganda con trailers y todo dentro de una narración de entretenimiento!- son tan verosímiles como sarcásticas.

No hay duda de que Quentin Tarantino ha ganado en peso y en sabiduría visual, cosa que no es poca, en alguien que se puso tan altos estándares, desde su ópera prima Reservoir Dogs, aquella especie de melodrama samurai, en donde la muerte se vale de un hilo de sangre para consumarse en la columna vertebral de la historia.


Brownies, Café y Skype

Una sala excesivamente iluminada en un Hotel de Las Vegas, permite que conviva una mesa -atestada de todas las versiones internacionales del afiche de Inglorius Basterds- junto a media docena de inmensos monitores de alta definición, divididos a su vez internamente, en hermosos cuadrantes digitales. Frente a ellos, un enviado conversará, por sólo 10 minutos, con tres talentos disponibles. Se trata de jugar, literalmente a la ruleta, para ganar a Quentin como entrevistado… crucemos los dedos.

Primera Ventana: Mike Myers

Para variar, la selección de actores del film sorprende. El primero en aparecer es un muy fresco Mike Myers, quien personifica al discreto cerebro, quien junto a Rod Taylor –como un convincente Winston Churchill- mezcla los tonos y modos de un David Niven, con los de un “proto John Lithgow”, a punto de ignorar, displicentemente, a un público que lo adora.

JO: Discúlpame por sacarte del jacuzzi de las Fembots y por mi inglés en pedazos…

Myers no pierde chance, y arranca con su característico humor visual y de acentos

Mike Myers: “Más bien, tu voz me recuerda a la de alguien que perdió algo en Honduras. No te sorprendas. En Canadá, donde estudié, sabemos más del mundo que los norteamericanos. Por eso es que nos preocupan las cosas que están ocurriendo en Curaguay y en Bargentina, en cuya capital estuve no hace mucho. Les envío mis saludos a la gente de su reino: Manila”

JO: ¿De dónde saca la idea de la misión Ned?… ¿acaso vio The Dirty Dozen, antes que el director?…

MM: Creo que es un oficial que, inalterablemente, debe tomar medidas recelosas. Si ya la moral de guerra se ha ido debilitando, un triunfo le implicaba valerse de esas ideas perturbadas, salidas de una alta reunión entre aliados.

JO: ¿Cuánto duraron los ensayos y la filmación? Al menos tú parte

MM: Tuve el libreto unos meses antes y leí todo la historia. ¡Es fascinante! Quise haber hecho más, pero hubiese tenido que posponer dos proyectos propios hasta el 2012 y los Mayas dicen que se acabará el mundo. Así, que acordamos en hacer un papel pequeño, pero enérgico, y que me diera la oportunidad de desarrollar en otra cinta con Quentin, sí así lo decidiera.

JO: ¿Se trata de una historia previa a Inglorius Basterds?

MM: Sí, es una en la que Quentin quisiera invitar a una fuerza multinacional en un período histórico indeterminado. De hecho, él me preguntó como estaba mi francés…no sé si esté pensando en algo relacionado con la Legión Extranjera o simplemente quería que le dieran un beso francés apasionado. ¿Sabes?, es que soy considerado un hombre muy sexy en mi país.

JO: ¿cómo definirías tu personaje en IB?

MM: “No tiene las motivaciones de The Cat In The Hat, pero no hay duda de que pudiera ser un jefe para Lawrence, antes de partir hasta Arabia”.


Segunda Ventana: Eli Roth

JO: ¿Qué tal la escena berlinesa…qué te inspiró más…la comida, la arquitectura, la cerveza…?

Eli Roth: “las distintas variedades de cerveza y de pan son como un rally interminable. Creo que hay tantos tipos de panes como edificios en Berlín, de hecho, su arquitectura es fulgurante, como pocas he visto en el mundo”.

JO: Qué sentiste al filmar en los estudios Babelsberg -los mismos de Metrópolis, Fausto o el Ángel Azul-?

Eli Roth: “Son el recuerdo viviente de la época dorada del cine alemán. Es como estar un poco en Abbey Road… alguien que admirara el rock se haría un poco esa idea. Creo que un próximo paso como actor sería trabajar en Italia en la Cinecitá o en Churubuzco en México”.

JO: ¿Cómo fue tu experiencia con las chicas en el film?

Eli Roth: “Melanie Laurent, es una chica muy dulce. Como actriz, no desfigura su humanidad, a pesar de la venganza que busca su personaje. El trauma no la convierte en un ser deformado y resiste en cámara cambios corporales, que te impiden distinguir, dónde comienza la mujer de acción y donde la frágil huérfana. Con Diane, puedes trabajar my bien, es muy romántica y graciosa. Me gustaría verla más frecuentemente en pantalla”

JO: ¿Algún vicio que hayan dejado o adquirido durante el rodaje?


ER: “Los caramelos de menta extra fuertes alemanes son algo difícil de superar. Creo que necesitaré un poco de terapia después de ellos. También puedo decirte que la cerveza Samuel Adams tiene una fuerte contendiente con la Chemay, que no es local, pero es excepcional.

JO: ¿Ya estás listo para entrar al Star System?

ER: ¡Jajajajaja…no lo sé!…en Berlín, salimos un par de veces a una taberna en donde conocí a muchos fans de Grindhouse, -mi primer trabajo con Quentin- quienes la tienen como película de culto. Eso me asusta”

JO: ¿A donde quisieran llegar con este film?

ER: “Quisiéramos estar en cada estreno posible. En Cannes, en Berlín, en New Jersey, en San Diego, en Los Ángeles o México…todas las ciudades son importantes”



Tercera Ventana: Quentin Tarantino

JO: ¿Estos soldados tienen un referente en personas reales?

QT: “Cuando escuché por primera vez los testimonios de un soldado de la E Company de pronto, no entiendes cómo un viejo sonriente y dulce tiene sobre sus espaldas tantas aventuras. Pero también, me gusta imaginar la guerra desde los ojos de un héroe del Ghetto negro, como me pasa con Jim Brown. A mi me parece, que los personajes de las películas pueden ser tan reales como las personas, sólo piensa en que hablamos de ellos en relación a sus amores, sus pérdidas o sus miedos, de la misma manera, en que hablamos de las personas vivas”

JO: ¿Dónde termina el guerrero que vive para la acción y donde empieza el soldado que reflexiona sobre sus hazañas y excesos? Eastwood parece haberlo removido en primera persona, especialmente en Gran Torino

QT: “Sí, hay una tensión clásica, entre personajes que se redimen y el mundo que no quieren que experimenten, aquellos para quienes son el ejemplo. Tú hablas de la transformación de un personaje como Kowalski en Gran Torino. De alguna manera, aquí ocurre lo mismo. Pero al final, son personajes que utilizan su lado oscuro para hacer justicia. Eso fue algo que estaba en el guión, pero que sólo se logra cuando los actores saben más del personaje que tú mismo, y dan toda su energía en una toma específica. Allí sus ojos, su cuerpo o incluso una mano dicen más que cualquier palabra escrita en el guión.”

JO: ¿Cuánta oscuridad pueden soportar los héroes y los villanos en IB?

QT: “El público puede enternecerse o no con los personajes de una película, pero la comprensión sobre sus acciones se entiende cuando vemos que personas comunes, con un pasado oscuro a cuestas, antes o durante la guerra, y a pesar de enfrentarse a personajes antagónicos -incluso peores que ellos- no dejan de tener esa sombra arriba de sus hombros. Es muy difícil no pensar en Kurosawa o Bergman cuando hablamos de este tipo de personajes. El cine del oeste está repleto de héroes suaves o villanos ambiguos: Cooper, Ladd, Wayne, pero también Palance, Quinn o Van Cleef. Lo importante es que sean creíbles y que el conjunto sea divertido”.

JO: La plástica y los movimientos en IB son tan importantes como los diálogos, de manera que pareciera que los tanques, los autos, las motocicletas, los aviones, las armas e incluso los objetos de terror psicológico, como el bate ensangrentado -o el cuchillo cowboy- tienen su bien ganado momento cinematográfico…

QT: “haces énfasis en algo que nos preocupa a todo el equipo de producción y fotografía. El dato de los aviones, los autos, las radios, ¡las máquinas de escribir!, es de primer orden. Tal vez, sin ellos no hubiésemos sido tan visualmente convincentes. Creo que el dato pincela el cuadro, al igual que el diálogo organiza las acciones inmediatas entre los personajes”.

JO: Pensando en películas recientes, pareciera que mientras la Valkyrie de Brian Singer es un poco una sinfonía descriptiva, Inglorius Basterds suena más bien a una historia contrapunteada desde un ensamble de metales.

QT: ¡Jajajajaja!….Esa es una imagen bien cool, ¡creo que podrías conseguir algunas citas con chicas inteligentes con una línea como esa!... ¡Jajajajaja!….el punto musical siempre me ha interesado desde chico, y si de algo me siento orgulloso es de la banda sonora. Mi película es un homenaje a las fábulas visuales que me hicieron ser quien soy: Leone, Eastwood, Van Cleef y el Western Spaghetti… Howard Hawks, Peckinpah y Kubrick. Las épicas guerreras de los años cincuenta y sesenta…Creo que Gregory Peck, Richard Burton o el mismo Steve McQueen habrían encajado perfectamente en esta producción, de estar vivos, ya que es una historia fiel a los que ellos una vez interpretaron. En otras oportunidades he dicho que ésta es mi propia Guns Of Navarone, o mi propia Where Eagles Dare, o mi propia Inglorius Bastards de Castellari.

JO: ¿Qué hace realmente buena a una película?

QT: “Creo que fue Scorsese quien dijo que si una chica te acompaña, y hay suficientes palomitas de maíz, y después de besarla recuerdas una escena de la película, entonces el film ha sido bueno. Creo que de eso se trata, creo que eso es lo más parecido a haber triunfado”.

JO: ¿Qué comentarios han recibido del afiche del bate de béisbol sosteniendo el casco nazi lleno de sangre?

QT: “Para algunas personas, que no distinguen la realidad de la ficción, siempre parecerán formas de darle más violencia al mundo. Las películas no inventaron la violencia. Pero creo que más que una parábola de un mundo salvaje, el bate con el casco nazi ensangrentado expresa el desquite contra la cobardía; la venganza contra aquellos que tras saberse poderosos, atacan a los débiles. Allí, en el campo ves a un hombre cualquiera, no un semidios justiciero encarnado, venciendo a un ejército que se cree inmortal.

¿Y el afiche con el águila nazi?

QT: El águila nazi, al final es el recuerdo de un poder maniático, que termina extinguiéndose. De hecho, no quise hacerlo, pero al final, nuestro Hitler termina dando un poco de risa. Todo maniático del poder da un poco de risa”



4 comments:

slash said...

q maravilla!!! y q envidia!!!

Anonymous said...

¡Que vaina tan verdaderamente buena buena!

royery said...

Excelente!!

Ana K said...

Entre la película y el artículo

¡quedé AGOTADA!

luego escribiré algo mejor cuando la asimile