Saturday, November 04, 2017

Cine para 2: un robot sensible y una esposa cansada


Cine para 2
Joaquín Ortega
Un robot sensible y una esposa cansada

¿Los sentimientos son inherentes a la persona …pueden ser programados….es el entorno el que los transforma? Para muchos pensadores, vendría a ser algo así como una suma de posibilidades instaladas desde la creación - a su vez unidas a la evolución- dentro de un aparato responsivo conocido como el cerebro humano. A todas estas, dos creadores revisan el espacio sentimental desde géneros distintos: la ciencia ficción de la mano de Alex Garland y su Ex Machina, insiste en retomar el mito del moderno Prometeo de Mary Shelley. Por otro lado, Björn Runge con The Wife arma una sólida polifonía sentimental en donde el amor se extiende desde planos tan íntimos como el sexual hasta el de los sueños compartidos.

Ex Machina. Alex Garland (Inglaterra/Estados Unidos, 2015)

Alex Garland es un narrador que viene de la novela, ha pasado sin problemas de los libretos cinematográficos a desarrollar tramas para video juegos y ahora dirige cine.  Es el epítome del creador Transmedia. Su novela The Beach fue llevada al cine por Danny Boyle (The Beach. Inglaterra, 2000), luego escribió el guión de la postapocalíptica 28 Days Later (Inglaterra, 2002. También dirigida por Boyle) y Dredd (Pete Travis. Inglaterra, 2012) una nueva adaptación del violento cómic inglés, entre otras aventuras pop. En Ex Machina dirige por primera vez y nos enfrenta a un tema recurrente en la ciencia ficción clásica: ¿Puede crear el ser humano una forma de vida que lo comprenda y lo supere?

La trama se vale de un pequeño grupo de personajes, junto a un contexto estético de minimalismo y economía de locaciones. Se pasa del mundo exterior a un entramado de compartimientos y subtramas breves que desembocan en el sitio donde un robot femenino -cuya inteligencia artificial es puesta a prueba- negocia el aprendizaje con unos hombres cuya sensibilidad se trastoca por una máquina que se va volviendo demasiado humana.  La propuesta artística del robot recuerda las líneas frescas de Apple, la de los androides de I Robot de Alex Proyas (EUA, 2004) y en ciertos momentos al clásico de todos los tiempos Metropolis (Alemania, 1927) de Fritz Lang. De telón de fondo, el clásico libro de H.G. Wells: La isla del Doctor Moreau  se muestra sin revelarse del todo como inspiración más directa.

Las actuaciones de Oscar Isaac y Domhnall Gleeson se debaten entre la tensión de la sospecha mutua, el debate inteligente y la reciprocidad creativa que implica resolver estratégicamente problemas de diseño, ingeniería y respuesta a programas inteligentes. Toda vez que extendemos a los dilemas éticos, la tensión emocional y sexual toman las riendas de la película haciendo que, al menos, un par de veces sorprendan a la audiencia con giros en la trama.

El papel de Ava, llevado adelante por la sueca Alicia Vikander juega con unas tonalidades centradas en su expresión facial y en el posterior lenguaje corporal que ensambla, junto a esa suerte de exoesqueleto que va mutando en armadura y de allí a texturas Cyborg. Sin duda, es un total acierto la escogencia del reparto, el logro en la producción, el clima de ajedrez mental que se potencia en un espacio cerrado en donde las emociones sirven de trampolín para acciones que nos invitan a pensar en el ahora de nuestras creaciones y cómo pudieran vernos ellas a nosotros, el día que nos superen en inteligencia, pero en especial, en autoconsciencia. A pesar de que los últimos minutos del film queda un poco agarrotada la trama, sigue siendo una experiencia que mezcla problemas éticos y entretenimiento de forma prudente.

Ex Machina recibió una serie de premios ganando a los mejores efectos visuales en los premios Oscar de la academia, la Austin Films Critics Asociation la premió como mejor película y mejor guión, ganó el primer premio a la mejor película británica independiente, así como el primer premio de la asociación de críticos de cine de Chicago. Todos los premios entregados en el año 2016.

Puntación 4 sobre 5


The Wife. Björn Runge (Suecia/Inglaterra, 2017)

Los silencios en la cama son tan necesarios como provocadores. Si la mente toma las riendas de los temores toda noche empezará y terminará en una constante pesadilla.

En ésta adaptación de la novela de la norteamericana Meg Wolitzer, el pertinaz director sueco Björn Runge construye una delicada red de titubeos y certezas alrededor de un matrimonio, cuya suerte cambia de un día para otro. Joe Castleman    –Jonathan Pryce- vive con su esposa Joan –Glenn Close- y recibe la noticia de haber ganado el premio Nobel de literatura. Es así, como a partir de éste detonante la vida diaria se muestra en sus jaleos y bemoles.

Joe es un hombre infiel, megalómano, mal padre y peor esposo. Joan, por el contrario es una mujer abnegada, amantísima y dedicada a ser columna y sostén de un hogar –y garante de una buena fama, casi propagandística- que la obliga tenazmente a debatirse entre dar lo de mejor de sí misma… o dejarlo todo a un lado.

El viaje comienza en el lecho ardiente y termina mas allá de Estocolmo. La pareja pasa por una serie de momentos agridulces, en donde el recuerdo de los primeros años de matrimonio trata de salvar lo peor del tiempo actual. Para completar el cuadro, casi en clave de comedia negra, los ojos del periodismo insisten en desentrañar las oscuridades del ahora genio probado de la novelística. Ser la buena esposa de un villano es todo un reto y las capas que revisten a un personaje tan molido se descubren perfectamente, gracias a la destreza de una actriz de la dimensión de Glenn Close.

La fotografía y le edición recuerdan al fresco atrevimiento de algunas de las obras anteriores de Runge como Happy End (Suecia, 2011) o Mouth To Mouth (Suecia, 2005) en donde, poco a poco, el frío del ambiente ayuda a contrastar el fuego interior de unos seres humanos marcados por el deseo de entregarle demasiado corazón a las personas equivocadas.
Estrenada en el festival de Toronto de 2017 la escena inicial -de alto contenido erótico- ha sido celebrada por muchos como un canto al amor, más allá de la venta de la belleza juvenil cinematográfica tradicional.

Puntuación 5 sobre 5


@ortegabrothers

Algo de cine holandés



Cine para 2: especial ciclo países bajos en Caracas 2017
El encanto holandés
Joaquín Ortega

De Marathon. Diederick Koopal. 2012

“Si la barba lo fuera todo, hasta las cabras predicarían”. Así reza un viejo proverbio holandés, citado en alguna página perdida de la correspondencia de Baruch Spinoza, y en De Marathon (2012) dirigida por Diederick Koopal encontramos a una serie de personajes cuya apariencia hace juego con el dicho.  En éste film se describe, en clave de comedia, la transformación de un grupo de compañeros de taller: desadaptados, solidarios, inelegantes, tramposos en las cartas y cada uno con un fracaso a cuestas.

El reparto lo encabezan figuras conocidas de la televisión y el cine holandés: Marcel Hensema –cercano a los 100 films, si contamos sus apariciones en comerciales o cameos- quien ya ha sido premiado como mejor actor de reparto por su papel en la biopic –Wild Romance, dirigida por Jean van de Velde en 2006- y que cuenta la vida del artista plástico y cantante Herman Brood. Hensema es reconocido hace rato como un indispensable de la industria holandesa. También actúan Frank Lammers, humorista y actor de TV, junto al talentosísimo actor marroquí Mimoun Oaissa, quien da el toque étnico o multicultural al ensamble… el cual se completa con  los muy divertidos Martin Van Waardenberg y Stefan de Walle.

La historia narra cómo -por una mezcla de auto sobrevaloración machista y casualidades jocosas- cinco amigos se inscriben en el maratón de Rotterdam, sin tener ni condiciones físicas ni mucho menos claridad de la dimensión del atolladero en donde se están metiendo. Con grandes toques de comedia negra, una oportuna caricaturización de la aburrida clase media y una suerte de edulcoración de los problemas religiosos y raciales del mundo musulmán -en el país posiblemente más inmoderado de Europa- vemos desde la pantalla un ritual de paso que va desde la desintoxicación y el entrenamiento, hasta el encuentro de cada uno de los personajes con tenues capas de emocionalidad, que van apareciendo, a lo largo de una carrera que es más terapia que competencia.

No resulta gratuito comentar que la música, la edición, la correlación entre la vida urbana y ciertos escapes hacia lugares más verdes –incluido el tiempo de la cinta- hacen que la audiencia sienta que la película propone, lo que debe durar un buen rato de entretenimiento fílmico.

Puntuación 5 sobre 5



Strike A Pose. Ester Gould (Bélgica-Holanda, 2012)

Strike A Pose es un documental testimonial, humano -y por ende agridulce- construido a partir de los recuerdos de la experiencia del Blonde Ambition Tour –gira mundial de conciertos de la cantante pop Madonna- de 1990… y del registro fílmico comercializado como Truth Or Dare, dirigido por Alek Keshishian en 1991 y que muchos recordarán por su nombre en español: “A la cama con Madonna”

Quienes detallan la historia son los seis bailarines acompañantes de la diva, quienes luego de casi treinta años de trabajo ininterrumpido, deciden revelar los tras bastidores de una producción - que primero los catapultó a la fama de la nocturnidad y las puestas en escena- para luego dejarlos de lado, una vez devoraran sus sueños de juventud.

Son muchas las reflexiones y las sutilezas perversas que se exploran, no solo sobre la naturaleza misma del espectáculo o de las producciones musicales, sino las de una supuesta visibilización no propagandística del tema gay, para posteriormente ser convertido en un producto más de consumo -y no en un tema de libertad de elección sexual o de exigencia de respeto de unos derechos humanos históricamente conculcados- Madonna, de quien se murmura, casi sin nombrarse termina viéndose como una trabajadora incansable, que al apoyar una causa, terminó apropiándose de un público y de una estética. Sin ser una villana, Madonna tampoco se perfila como una samaritana del mundo LGBT.

Al terminar de ver el documental algo queda claro: el tiempo es muy breve y cuando un estilo de vida se convierte en moda,  corre el riesgo de que la propia vida se extinga cuando esa novedad trueque en obsoleta. Muchos temas de conversación -y que parecieran tabú- se convierten en preocupación más allá de la sobremesa:  las drogas, el HIV, la dificultad en la infancia, las relaciones interpersonales, la pobreza, el desempleo, el olvido, el desamor, la envidia, la fugacidad de la fama, la vejez y hasta la gordura van y vienen de la mano de unos solistas y coreógrafos de talento, con sensibilidad, buen humor y una increíble inteligencia corporal que los hace incluso parlotear genialmente con el acento de sus cuerpos.

La directora Ester Gould, escocesa de origen, se solaza en una cámara distendida y en unas impresiones estéticas que combinan lo mejor del registro de los años noventa, con la dominante inmediatez del mundo actual, marcado por las redes sociales, el tiempo irreflexivo del meme y la certeza de que la violencia audiovisual, en especial la terrorista, se encuentra latente en cada minuto del día.   

Este documental ganó el segundo lugar en festival de cine de Berlín, 2016

Puntuación 5 sobre 5


Bram Fischer (2017)

Dirigida por  Jean van de Velde  narra la historia del abogado comunista Abraham Fischer, un hombre marcado por el drama y la mala suerte, más allá de su lucha política. En ésta película -al fin- vemos cómo llega Nelson Mandela a la cárcel y cuál era su verdadero ideario político antes y durante su prisión. Sin duda su giro hacia la centro izquierda habla de la moderación que logró en contraposición a la invocación de:  “balas y bombas” que animó algunos de los años públicos, previos a su encarcelamiento. El personaje de Fischer, interpretado por Peter Paul Mueller lleva adelante un salto ciertamente ficcional, pero que genera una empatía dúctil en los asistentes, sobre todo frente a la terquedad institucional de un sistema político abiertamente segregacionista e inhumano.

En la primera mitad de la película se fusionan muy bien la acción policial, los argumentos legales, algunos flash backs o las incongruencias partidistas de un entorno violento que pretendía ser transformado, a su vez, por el terrorismo. La vida de Fischer se presenta desde el lugar común de alguien que nace acomodado -y que a lo largo de un supuesto despertar social- se conecta con las necesidades de transformación de su realidad natal. Quedarán fuera de la propuesta biográfica detalles poco claros de sus viajes de juventud a la Unión Soviética, su proceso de radicalización, la enfermedad de su mujer, su propio cáncer o la muerte por ahogamiento de una pasajera, siendo él, quien conducía por una carretera surafricana.

Bran Fischer es una composición argumental y narrativa que pudiera abrumar entre una sucesión de escenas de alegatos, momentos melodramáticos, dinámicas carcelarias y manifiestos políticos, y que termina exponiendo mediante una licencia artística ciertas verdades, valiéndose de algunas mentiras… y viceversa.

Puntuación 3 sobre 5


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@ortegabrothers

Cine para 2: Mother! y Casablanca: amor de madre y de aeropuertos



Cine para 2
Joaquín Ortega
Mother! y Casablanca: amor de madre y de aeropuertos


El cine actual ha decidido volver a coquetear con los sueños, así como las películas de los años cuarenta lo hacían. ¡Corrección!. De hecho, sí somos honestos nunca el inconsciente ha dejado de ser materia prima para detallar historias, plantear situaciones límite o llevarnos de la mano por veredas oscuras y pasadizos a medio iluminar. Mother De Darren Aronofsky y Casablanca de Michael Curtiz son por mérito propio, sendos hitos en la gran pared de afectos -y desencuentros- que conforma ese Hollywood intemporal que habita en las pantallas de cine alrededor del mundo. Quien las vea con una imaginación abierta, seguramente coincidirán con muchos al decir, que no dejan al espectador ni ilesos mentalmente, ni mucho menos viento en popa, desde el punto de vista emocional.

Mother! (Darren Aronofsky. EUA, 2017)

Tenemos frente a nosotros una película que no pasa desapercibida por ningún lado: sus actores, su estética, el contexto de la discusión -previa o posterior a su estreno- Su tono resulta intenso y sus modos iconoclastas. El contenido y el paquete están diseñados para incomodar. Tampoco deja de hacerlo su director, quien ha sido un narrador que se encarga de llevar adelante trabajos principistas, arriesgados y, en cierta medida, ejemplarizantes a través de valores en contraste.

La historia es simple porque se vale de un marco mitológico religioso que todos conocemos …o al menos, deberíamos conocer en occidente: una pareja puebla un mundo bucólico -y cuasi perfecto- en donde, poco a poco, llegan invitados no deseados alterando, un día a la vez, la cotidianidad de la dupla inicial. Lo que pareciera al principio -una película de terror con fuertes visos de expresionismo, miradas subjetivas y miedos inmemoriales- termina siendo una comparación de la vida en el planeta tierra, regido a su vez por unos dioses, a veces con menos libre albedrío que muchas de sus criaturas o herederos espirituales.

Jenniffer Lawrence es una hermosísima y fecunda mujer, cuya corrección compulsiva marca su destino. Javier Bardem, es un poeta cuyo bloqueo creativo revela su impiedad y desdén al amor, así como el deseo de ser admirado y reverenciado, a pesar de sus propias equivocaciones.  Ed Harris y Michelle Pfeiffer son a su vez hijos primigenios -a ratos confidentes y a ratos animales humanos- siempre entrometidos y agobiados quienes terminarán abriendo la casa al resto de una fauna emocional, que devora tanto a la madre tierra, como a sus nuevos frutos.

La dirección de actores, el cuidado de cada detalle dentro del set que dibuja la casa, la mínima banda sonora -con un preciso registro del sonido en el fragmento y en la inmediatez- abren el camino a una última media hora, en donde se concentran la mayor cantidad de problemas existenciales, personajes polisémicos, simbolismos, miedos y victimismos.

Arronofsky sin duda le debe mucho al surrealismo de Luis Buñuel en Viridiana (España-México, 1961) o en El discreto encanto de la burguesía (Francia, 1972)… a Roman Polanski (EUA, 1968)…al David Lynch de Twin Peaks (1992), Lost Highway (EUA, 1997) o Mulholland Drive (EUA, 2001) y a cierto cine Giallo de origen italiano   -refrescado de tanto en tanto- en los cultores de Dario Argento, Lucio Fulci, todo esto, desde las fronteras del Gore norteamericano. Con excepción del momento del festín sangriento, pudiéramos estar en presencia de una película de horror para todo público. Aún así, son tantas las emociones que logra generar su metraje que seguramente será un film para estudiar, revisar -y revisarse- en más de una ocasión, eso sí, luego de que como audiencia, se arriesgue a verlo.

Puntuación 5 sobre 5.


Casablanca. Michael Curtiz (EUA, 1942)
Si el amor es difícil en condiciones normales, calcule usted mantener una relación en plena segunda guerra mundial -¡y para colmo de males!- en un terreno supuestamente neutral, donde el espionaje y las traiciones están a la orden del día. En ese contexto vive una sucesión de conflictos la relación especialísima entre Rick Blaine –Humphrey Bogart- e Ilsa Lund –Ingrid Bergman-

Una joya de dirección y estética Casablanca demuestra la maestría de un equipo de primera. Michael Curtiz, un director de oficio, de esos viejos empleados de los estudios quien realizaría durante mucho tiempo, al menos dos o tres películas por año como mínimo… Humphrey Bogart el ícono de la masculinidad de la época, cuya piel mudaba de gánster a bandolero y de ahí a héroe con la misma sobriedad con la que brindaba en la vida real….Ingrid Bergman, una belleza internacional en pleno pico ascendente de belleza y potencia actoral…estrellas del cine alemán en el exilio como Peter Lorre o Conrad Veidt…En fin, un reparto de primera, para una película, por la cual, nadie tenía demasiada fe…y que por derecho propio se convertiría en un clásico del séptimo arte.

Muchísimas escenas de ésta película han sido homenajeadas, parodiadas y mal citadas: el contrapunteo entre La Marseillaise y Die Wacht Am Rhein en el bar, la despedida en el aeropuerto, la insistencia de Rick al piano con Sam -Dooley Wilson, era originalmente baterista y debió tocar un instrumento que desconocía-, el breve y revelador flash back a Paris…escoja usted cualquier momento de su preferencia y seguramente la encontrará revisitada en redes, cine, teatro o caricaturas. Casablanca es la mezcla perfecta de amor, aventuras, espionaje, guerra y propaganda que necesita cualquier espíritu para salvar cualquier guerra o contingencia emocional.  Por cierto, vaya a usted a saber, si acaso no son ambas la misma cosa.

Puntuación 5 sobre 5

@ortegabrothers






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