Saturday, May 11, 2013

De monstruos y otros ciudadanos: José Antonio



De  monstruos y otros ciudadanos: José Antonio
Joaquín Ortega

En los vagones grises brilla una media sonrisa
Es José Antonio burlesco entre crucigramas y sudokus  
Las tardes que más le gustan son las que parecen circulares
Como los viajes que hace de ida y vuelta entre las mismas líneas
Entre las páginas que escriben las historias de los que suben y bajan
José Antonio detalla a los pasajeros
A los que comen y a los que beben
A los que ponen los pies sobre los asientos
A los que le niegan descanso a los magullados
A los Viejos
o a las mujeres que llevan dentro a otros transeúntes
Cada mirada es de reojo
La primera la hace con su cuenco bueno
La segunda la hace con el que falla en la letra pequeña
José Antonio escribe lo que su memoria no puede guardar
Y en el renglón donde se lee maleducados
Le coloca una, dos o tres estrellas
Cada una significa lo mismo, pero le permite estar claro
En los grados de intensidad
Así, se imagina lo que haría sí pudiera ser el jefe
El jefe de las tareas de los maleducados
José Antonio hace en casa lo que más le gusta
Cuenta escalones que va agregando
Los agrega hacia abajo, porque cada vez cava más hondo
En cada peldaño se imagina un estribo
Y se siente contento porque el caballo
Es de concreto y fuego, de tierra y cabillas
José Antonio también sortea lo que entregará a los elegidos
A unos, después de tanto observarlos sabe que le gustan las baratijas
A otros, los dulces o las imágenes…a otros los afeites
Así los seduce y los hace bajar del tren
Y los lleva con voz baja entre pasillos, vendedores y cornetas
José Antonio tiene un lugar especial para los que observó
José Antonio les da a sus convidados un gorro y unos guantes
Y los hace levantar cajas escaleras arriba
 Los convence de cantar cualquier melodía monótona
Ellos suben con la cima puesta en las retinas
Las mujeres sonríen
Los hombres no pueden creer en la luz de salida que tienen al frente
El sótano deja de ser un sueño, para volverse una realidad fría
Hedionda a moho y mucho más nocturna de lo que pensaron jamás
José Antonio les dice que suban
Que sí superan esa carga la calle será de ellos
Y que José Antonio no los seguirá
En una carrera feroz y torpe dos mujeres y un hombre
Suben las escaleras casi vivas de José Antonio
Y luchan por lograr su lugar en la punta de ese iceberg de susto
Corren rápido, fuerte y casi emocionados de estar afuera
Pero, en su afán no se dan cuenta del caballo en el que se han subido
Las escaleras cobran vida y se encabritan bajo sus pies
José Antonio hala una polea y un cable y sus amarres
Responden a su voluntad
Los tres desconocidos ruedan otra vez abajo
Y José Antonio ya se imagina mirando a patanes precoces
Dentro del subterráneo


Monday, April 29, 2013

Una muy incompleta historia de vida




Una muy incompleta historia de vida
Para la Salle, Tienda Honda
Joaquín Ortega (Politólogo, escritor, locutor y creativo audiovisual) 

Nací en Caracas. En el Hospital Clínico Universitario en 1969. Era un 25 de enero. Dicen que era domingo – ¿o tal vez lunes?- día de Santa Elvira, según revisé, años después de haber aprendido a leer, en un calendario Rojas Hermanos. Mi madre –Iris- maestra de profesión -y de vocación- me hizo entender que lo que no se estudia de manera alegre no se fija en la memoria ni resulta útil.  

Estudié primer grado en la escuela José Mercedes Santeliz, muy cerca de la casa de la señora Longa. Allí, cada bistec y cada tajada frita eran estrictamente una delicia. Con esos sabores, y con ese cariño, todavía sueño, hoy en día. De segundo hasta quinto grado estudié en el colegio el Buen Pastor, donde recuerdo con especial cariño a la maestra de segundo y tercer grado Elda y a la directora la Maestra Petrica.

Siempre dibujé muy mal, para los estándares de entonces, que eran simplemente “no salirse de las líneas” de los cuadernos con imágenes para colorear. Así, que por creerme el cuento de que hacía cosas feas nunca mostraba lo que hacía. Ahora me divierto haciendo las rayas y las criaturas que me vienen en gana.

El sexto grado lo cursé en el colegio el Buen Pastor, donde nunca pude tumbar eficientemente mangos; lo que sí hice, fue tomar agua de una fuente directa del cerro El Ávila. Allí un profesor invitado -Carlos Pérez Ariza- me celebró unas noticias falsas, en donde un asesino callejero picaba a la gente por la mitad con un sable láser de Star Wars. En ese momento, me di cuenta hacia donde enfilar algunas ganas.

Ya iba dejando de ser niño para volverme adolescente y montado en los carritos y autobuses soñaba y hablaba solo. De grande hago lo mismo, pero en el Metro y en los carros donde gentilmente me dan la cola.

El bachillerato pasó por mí, con buenos y peores momentos, dos liceos con nombres de prócer o de barco hundido siguen llevando sol y sombra: Lino de Clemente y Gustavo Herrera. Ser a veces rata, ser a veces el sometido, es el balance de la adolescencia. Lo mejor fue leer, escuchar y medio tocar rock y música académica, aprender a tener amigas y a tratarlas como damitas, cosa totalmente distinta a vivir entre los lepes y coquitos entre panas.

La universidad no fue fácil: me perdí entre vocaciones que más bien parecían derrames de líquidos tóxicos: física, filosofía, derecho. Todos los intentos estaban puestos en llegar a comunicación social, pero fue en ciencias políticas donde me gradué, en la Universidad Central de Venezuela. 

Ser politólogo me hace escéptico, ser escritor me hace memorioso, ser libretista me hace momentáneo, ser poeta me da pausa. Escribir humor me mantiene cuerdo.

Antes de graduarme, ya escribía en Radio Rochela, gracias al descubrimiento de unos textos humorísticos que le di a la profesora Magaly Pérez, novia de Laureano Márquez, para aquel entonces.

Con un breve seminario que nos dictó Laureano, comencé a colaborar regularmente para el espacio de televisión más visto y con más historia de la TV nacional. Fue una gran escuela de escritura, fue una gran escuela de supervivencia en ese particular zoológico humano llamado televisión.

Luego de dos años en RCTV, volví a la calle. Vendrían más ministerios, organismos públicos, partidos políticos viejos, nuevos o reencauchados, más estudios filosóficos, salones de clase e intentos de hacer radio. Programas de TV fracasados, malos sueldos, robos de ideas, rabias, traspiés, para siempre levantarse de nuevo. Vivía una doble, tal vez triple vida. Quería escribir chistes o situaciones graciosas, pero sin intermediaciones ni censuras. Al fin, me tocó el turno al aire.

Hice durante 5 años el Show de la Gente Bella en la radioemisora 92.9 FM con un gran equipo. Todos los locutores, escritores y productores de entonces –ya hoy con carrera propia, en casi todos los medios importantes de Venezuela y el mundo- siguen siendo mis hermanos y hermanas. Luego, a partir del comienzo de la persecución de la libertad de expresión –Ley Resorte en 2005- salí del aire y volví a escribir para otros artistas. En ese tiempo hice libretos para cine, para TV… mucha más radio –ahora extranjera- algunas veces firmé con mi nombre, en otras, tuve que utilizar seudónimos.

Otra lección: la gente mala existe, es vengativa y tiene buena memoria. Lo único que nos salva de ellos, además de Dios, es que se meten con gente más mala por rutina y dejan de ocuparse de uno. Incluso hasta nos olvidan.

Del 2006 al presente he dado clases en la UCV, en la escuela de Estudios Políticos sobre varios temas que me interesan desde el punto de vista académico: la teoría política, las utopías y las distopías, las nuevas tecnologías. Siempre me ha llamado la atención cómo el arte se cruza con las ciencias sociales, la filosofía, y sigue su camino luego, hacia sus propios destinos.

Hoy, sigo escribiendo, sigo al aire en 92.9FM en la Hora Verde –un programa nerd, como yo… como muchos- sigo dando clases donde puedo y tratando los temas que más me gustan o que más me disgustan.

Disfruto y reflexiono sobre la ciencia ficción, el humor, la filosofía política, las tecnologías, la poesía y la vida en las ciudades, en donde me tocó vivir. Me gustan los perros y los gatos, las peceras, las playas bajitas y mansas. Crecí con la televisión, con los cómics, con los libros y con el cine. Todos los días los sigo encontrando, ya sea en las viejas salas o en los nuevos dispositivos que se inventen.

Me gustan las historias con finales felices, pero sí son tristes, las entiendo como pasajeras. Estar vivos es un asunto de un tiempo breve, no resulta nada nuevo decir, que nada en la tierra debería eternizarse. Por eso, disfruto las bebidas frías con mucho hielo, pierdo el tiempo imaginándome la vida cotidiana de los superhéroes, y quisiera comer, al menos, una vez a la semana, en una larga mesa con mucho pan, con muchas cosas rojas y verdes salidas de un sartén caliente… que haya mucha familia y muchos amigos. 

Esa me gustaría que fuese la escena que se repitiera en mi ciudad y en muchas otras.

Si pudiera pedir un deseo, sería conversar un buen rato con mis ídolos vivos o muertos y preguntarles detalles que solo a los ociosos nos importan: ¿qué música escuchaban y por qué? ¿Qué hubiesen preferido de regalo de cumpleaños? Y ¿quién les dijo que esos cortes de pelo les iban bien?

Hay más cosas dentro de una historia de vida que pueden tratar sobre el amor y otros asuntos. Cuando se me ocurra qué colocar, lo haré.

No me queda más nada que desearles que rían… lean… amen… sueñen…pinten, bailen, naden, viajen y nunca guarden en el recuerdo, nada que les quite el apetito.

Caracas, 29.04.2014    
                
    

Sunday, April 21, 2013

De monstruos y otros ciudadanos: Manuel Gerardo



De  monstruos y otros ciudadanos: Manuel Gerardo
Joaquín Ortega
 

Manuel Gerardo lleva a todas partes una sonrisa impecable
Hombres y mujeres resienten buenamente su simpatía
Manuel Gerardo lee las palabras pesadamente y enérgicas y despejadas
Su papel es hacer cualquier papel y lo felicitan
Y lo promueven y le hacen señas para que suba
A las tablas o las reuniones en pisos caros
Donde se deben repasar libretos largos y oscuros
Manuel Gerardo siempre logra propagar la facilidad
Con una palmada anima a los lentos
Los callados y los muy tiesos
Siempre quieren preguntarle cómo lo logra
Y él nunca escatima detalles
Sobre posturas, respiración, memoria y contacto visual
Pero todo se resume en práctica y confianza
Y es tanta la cordialidad que pudiera sentirse en casa de Gerardo
Sin haber estado allá ni una sola vez
Que cuando la invitación llega
Muchas veces todos, la habían esperado en silencio
Actores y actrices visitan su apartamento algo viejo, pero hospitalario
Algunas sombras rebotan más que las luces en el cuarto principal
Uno donde hay un espejo y una silla sobre una alfombra carmesí
Con cuidado le pasan la letra a diálogos de reyes, de locos, de enfermos
Mueven acentos de personajes sinuosos, de justicieros, de logreros y de saltimbanquis
Allí en la comodidad de la palabra y la pose, de la superación de la voz ajena
Manuel Gerardo los inmoviliza con aguas terminales, en ocasiones
En otras solo les doma la voluntad con floras de conexión maligna
Manuel Gerardo los espolea para todo
Les deja salir a correr desde su prisión de emociones
Así, los movimientos en el piso son tan reales y los animales se mezclan
Con tantas novedades que jamás pensarían, ni por un breve instante, a volver ser ignoradamente humanos
Manuel Gerardo sacrifica la carne
Manuel Gerardo profana la ternura
Manuel Gerardo suda sobre los sueños de otros
Hace que sus músculos sea un punto sagrado en la vista de los presentes
Los que no saben, que están muriendo en plena escena final
Los que en el último acto, se despiden sin público
Más allá del de sus propios ojos que se cierran
Y los de Gerardo
Ojos que al sollozar sonríen
Que no actúan
Que siente cada transición y giro vehemente como el director
De un teatro propio
Encharcado como osario
Y Manuel Gerardo
Como un mortero
Machaca sus pechos con indicaciones y pausas
Y les da su asentimiento en la graduación
Y aplaude su partida como alumnos aventajados

Corte.-                                                                               Job23:58.-


Thursday, April 04, 2013

Nunca verás en esta vida 03.04.2013





Nunca verás en esta vida 03.04.2013

·         A un conejito de pascua lavándose las patas mientras grita: “¡crucifíquenlo!, ¡crucifíquenlo!”

·         A Johny Bravo bailando frente al espejo con el bojote amarrado como Buffalo Bill en Silence of The Lambs

·         A un cocinero de televisión metido a vegetariano

·         Una cuña de cubitos animada por los estudios Pixar

·         Un botellón de agua potable full de muñequitos de la guerra de las galaxias

·         A un DJ mezclando al pollito pío con la versión del himno de Manuel Guerra

·         A un carite frito salir nadando sí le dices “lázaro, levántate y anda”

·         Un consejo comunal dedicado a Mies Van Der Rohe con el público sentado en sillas Barcelona

·         Un locutorio hecho con puros teléfonos de baño

·         Un guachimán inflable dentro de una garita de unos estudios porno